Relato sobre Covadonga, por Pedro Manuel Cué Mier



Para escribir sobre Covadonga sólo hace falta poner a funcionar la más maravillosa video-casetera de que podemos disponer. La mente humana, si se le proporcionan los elementos necesarios, nos puede complacer con horas y horas de nítidas y brillantes imágenes, trayendo al presente una infinita variedad de recuerdos que hemos ido atesorando a través de los años.

Cualquiera que haya estado en Covadonga, cuando menos una vez, ya tiene registrada la imagen de aquel lugar de singular belleza natural; y si se lleva "la música por dentro" ó sea, que corre sangre asturiana por sus venas, podrá recordar aquella silenciosa emoción que se empieza a sentir cuando al salir de Cangas de Onís se pone uno en el camino de la Santa Cueva, y si además se tiene a la Virgen presente en nuestra casa, en nuestra familia y en nuestros sentimientos, será fácil meterse al escenario y convertirse en parte importante de esta charla en la que con el mismo panorama, sólo necesitamos cambiar a los actores, tomando cada uno de nosotros el lugar correspondiente.

Una visita a Covadonga da inicio en cualquier agencia de viajes de esta América Hispana en la que quizás por la distancia, -que no nos permite el lujo de ir cuando se nos antoje,- la emoción de llegar se agiganta y se vive con mayor intensidad.

Cuando se tiene en las manos aquel billete de avión con destino a Madrid, ya se ha iniciado el camino que culminará días más tarde, de rodillas, en la Cueva de Covadonga, porque aunque todo el Parque Nacional ejerce su irresistible atracción, es indudable que el anhelo de volver se alcanza cuando al fin nos encontramos ya, - frente a frente,- con la imagen que sabe y conoce no sólo de nuestras necesidades, sino también las de nuestros padres y abuelos que antes de aventurarse a las desconocidas y prometedoras tierras de América, fueron allí acompañados a su vez por sus padres y hermanos para implorar su protección y poner en sus manos el futuro cuando sólo se tenía billete de ida, en barco, y sin saber cuando podrían volver... Es entonces cuando ya no se llega a pedir salud ni riquezas, todo se convierte en agradecimientos porque se han alcanzado aquellos objetivos que parecían tan lejanos como la distancia que mediaba entre el joven emigrante y su destino en alguna tienda ó fábrica de México, Venezuela, Cuba ó la Florida, y donde además llegaron a formar una familia, creando nuevas colonias y centros de españoles en los que se reúnen con Santanderinos, Leoneses, Gallegos y paisanos de toda la geografía española.

Difícilmente se puede encontrar una palabra que encierre y aglutine tan equilibradamente conceptos tan amplios y profundos. Covadonga es recorrido turístico para algunos; excursión en autocar, en bici ó en auto en el que se comparte la comida, se conoce el folklore y se disfruta del ambiente festivo e informal.

Situado el Parque Nacional en la región oriental de Asturias, a 263 metros sobre el nivel del mar, está rodeado de las imponentes alturas del Monte Auseva y es parte integrante de los Picos de Europa. Su paisaje es de excepcional belleza por sus verdes y empinados prados donde abundan las pomaradas y los castaños que hacen marco a los evocadores hórreos de viejos recuerdos; el río, de aguas rápidas y cristalinas corre en repetidas ocasiones a lo largo de la carretera perdiéndose entre el follaje y las rústicas casas de pequeños pueblos, volviendo a aparecer a veces en serenos y profundos remansos de un intenso verde obscuro que son el paraíso de pescadores donde se encuentra refugio de la agitada vida de las grandes ciudades.

Se llega allí desde Oviedo, pasando por lugares tan familiares y conocidos como Pola de Siero, El Berrón, Infiesto, Villaviciosa y Arriondas, ó desde Santander cruzando por lugares de tan gratos recuerdos como Santillana del Mar, -maravillosa Villa que merece capítulo aparte y donde vive gente estupenda, - Treceño, San Vicente de la Barquera, Unquera, - cruce de la frontera provincial,- Llanes, Póo, Barro y Ribadesella, hasta encontrarse ambos caminos en Cangas de Onís, donde según los historiadores se estableció la primera capital de la España actual.

En el aspecto turístico tenemos que reconocer que no se puede dejar sin continuar nuestro camino por una angosta y sinuosa carretera que en un trayecto de 11 kilómetros adelante del Santuario, nos llevará hasta un sitio maravilloso donde encontraremos los lagos Enol y de la Ercina a una altitud de 1,150 metros sobre el nivel del mar. Es de hacer notar que en 11 kilómetros de recorrido se suben 887 metros , para darnos una mejor idea de los paisajes indescriptibles que desde aquellas alturas se pueden contemplar, dominando desde las agrestes montañas todos lo valles y pequeños pueblos de la región hasta el límite mismo del Mar Cantábrico.

Pero lo sublime de aquel paisaje nos reserva todavía una sorpresa mayor cuando al doblar la última curva del camino nos encontramos con la serena belleza del lago Enol, de tranquilas y transparentes aguas que reflejan las montañas que lo rodean. Aquí ya podemos decir que se encuentran todos los matices de verdes en los campos y de azules en las aguas del lago y la transparencia del cielo.

Todo este excepcional paisaje se disfruta y aprecia en su conjunto, complementado con los corderos y caballos que vagan apacibles sobre aquellos prados. A la orilla del lago se encuentra la Capilla del Buen Pastor, donde el 25 de Julio se celebra la "Fiesta del Pastor" en la llamada romería cerca del cielo; seguramente es este el sitio idóneo para saborear el folklore asturiano con toda su alegría y colorido de danzas y trajes típicos de la región acompañados con música de gaita y saboreando una estupenda fabada. Por la tarde una ligera niebla que va tornándose cada vez mas espesa, avanza entre las montañas suave y silenciosa, recordándonos que va siendo tiempo de emprender el regreso antes de que se cierre el telón dando por terminado todo aquel espectáculo.

Pero no solo puede ser Covadonga un recorrido turístico, que aunque muy bello, sólo se aprecia con los sentidos. Covadonga es lugar de profundos sentimientos, de nostálgicos recuerdos, es Historia con mayúscula, es origen y herencia, es lucha y choque de culturas, es fuerza y arrojo, valentía e ingenio para triunfar en medio de fragorosas batallas en defensa de la fe religiosa, cuando árabes y españoles se llamaban "infieles" mutuamente.

Es aquí donde en el año 718 se refugió Don Pelayo, después de haber luchado al lado del Rey Don Rodrigo en la batalla de Guadalete. En estas montañas de tan difícil acceso organizó sus huestes, mientras los guerreros se apostaron en espera del ejército musulmán que les seguían con la creencia de que les sería fácil derrotarlos; aquí se armaron de lanzas, saetas y piedras con un profundo nacionalismo y su inquebrantable fe religiosa en defensa de su soberanía y de su libertad.

Fue este el sitio donde después de derrotar a los moros, en aquella sangrienta batalla, se dio inicio a la reconquista de España. Fue aquí en la Cueva de Covadonga, donde después del triunfo de los cristianos, fue proclamado rey Don Pelayo al amparo de la Virgen de las Batallas, como se le conocía en aquel tiempo a la actual Santina y que posteriormente sería venerada bajo la advocación de Covadonga, Patrona de Asturias. Es esta la cuna y origen de la España católica, que después de 700 años de dominación árabe, fue al fin liberada y unida en todos sus reinos; cuando Castilla, Aragón, Cataluña, Navarra, Asturias y Granada formaron una gran nación durante el reinado de Doña Isabel y Don Fernando.

Covadonga es además el sitio ideal para participar del fervor religioso que invade a todos los que allí acudimos con el emocionado recuerdo de nuestros antepasados. No hay que olvidar que la Santa Cueva, se define desde el siglo VIII como el templo de la gratitud de España a la Sma. Virgen; por tanto es fácil imaginar a los que nos precedieron, subiendo los ciento un peldaños de la escalera de la promesa, con toda una carga de peticiones é ilusiones que se ofrecían a los pies de la Virgen.

Con cuanta emoción se vive la alegría de escuchar allí la Santa Misa en respetuoso silencio, sólo interrumpido ocasionalmente por el cláxon de los autocares ó por las armoniosas notas del Himno Oficial que desde el carillón instalado en una de las torres de la Basílica, se lanzan al viento cada cuarto de hora.

Es de excepcional privilegio celebrar en este sitio algunos de los acontecimientos familiares de mayor trascendencia, como la Primera Comunión de nuestros hijos, a la que además de los padres asisten también los abuelos, familiares y amigos en presencia física ó espiritual.

La actual imagen pertenece al siglo XV y por tradición sabemos que fue donada por el Cabildo de Oviedo al de Covadonga en substitución de la que pereció en el incendio de 1777; después del siniestro, el Rey Carlos III ordenó la construcción de un templo monumental, mientras tanto se le rindió culto en la llamada Capilla del Milagro en el interior de la cueva, hasta que en 1939 la imagen fue llevada a Paris, donde al terminar la guerra fue encontrada por Don Pedro Abadal que por aquel tiempo se hizo cargo de la Embajada española en aquella ciudad, quien la entregó a la Iglesia de la Misión española el día 8 de Abril de aquel año, lugar donde permaneció hasta el 10 de Junio, fecha en que fue trasladada a España, entrando en Asturias a hombros de los fieles en tumultuoso y emotivo recibimiento pleno de fervor y alegría representando una vez más el patriotismo español y la fe católica.
Desde la Santa Cueva nos trasladamos a la parte alta del Santuario a través de un túnel, que se encuentra dividido en tramos con diversos arcos é iluminado con lámparas románicas de artesanía toledana adornado con los escudos de España, - en el que se ha intercalado la Cruz de la Victoria,- el de Asturias y el de la ciudad de Cangas de Onís; mas adelante encontramos una entrada de luz abierta en la roca donde se aprecia a contra luz un Calvario de piedra, y al final salimos ya a la explanada alta desde donde se contempla la Basílica en toda su esplendorosa belleza.

En nuestro paso hacia la Basílica cruzamos la gran plaza central en la que apreciamos la estatua de bronce de Don Pelayo que tiene en su base la siguiente leyenda:"Nuestra esperanza está en Cristo, y este pequeño monte será la salvación de España".

La Basílica se encuentra construida al borde de un abismo semicircular y es visible desde todas partes; es un templo de estilo neorrománico edificado con piedra rosada, obra del alemán Roberto Frasinelli durante el reinado de S.M. el Rey Don Alfonso XII, y fue bendecido é inaugurado en 1901.

Es importante también conocer el museo que se encuentra a un lado de la plaza central, donde se colocan las joyas y ofrendas que han sido donadas por los fieles y peregrinos a través de los tiempos. Destacan allí por su gran belleza, las coronas del Niño Jesús y de la Virgen, de oro con brillantes, rubíes, zafiros y perlas que son unas maravillosas obras de arte. La custodia en forma de Cruz de la Victoria y los mantos de la Virgen donados por Reinas y Princesas.

A conjunto tan magnífico había que complementarlo con una música también magnífica y para eso creó Busca de Sagastizábal el Himno Oficial, donde en una de sus estrofas nos dice en una tonada que todos los que apreciamos y amamos Covadonga hemos cantado más de una vez:

La Virgen de Covadonga ye pequeñina 
y galana 
y aunque baxara del cielo
no hay pintor que la pintara.

Por todo esto y mucho más, siempre será este Santuario el lugar predilecto de los asturianos, visita inolvidable y promesa cumplida de los indianos que desde el otro lado del océano la tenemos presente en la tierras de América.

Dedico este recuerdo a los asturianos y emigrantes :

A mi padre
Don Pedro Cué Romano.

A mis abuelos
Don Salvador de Cué Alvarez.
Don Juan Mier Rubín.

A mi suegro
Don José Huerta Rodríguez.


8 de Septiembre de 1996.

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